La mujer, desde décadas atrás, ha ido conquistando (no de forma gratuita y sin luchas), un papel significativo dentro de la sociedad, con logros algunas veces evidentes en espacios como la educación, salud y empleo; no obstante, son ciertos los impedimentos que persisten y que no han permitido un alcance acorde y totalitario del empoderamiento femenino, obstáculos originados en el modelo patriarcal que no admiten mayor participación, acceso y bienestar de las mujeres en el contexto actual.
No son suficientes las percepciones habituales de esta realidad marginal a la que aun siguen sometidas muchas mujeres en escenarios políticos, económicos y sociales; las cifras de múltiples estudios en América Latina evidencian la reducida participación de las mujeres en cargos públicos y en puestos de elección. A parte de la producción domestica, la mujer aun no logra alcanzar los niveles deseables de equidad e igualdad de género, lo que permitiría el reconocimiento y la participación real dentro de las esferas públicas y privadas.
El empoderamiento como objeto conceptual, envuelve la noción del ejercicio del poder en un nivel político y cotidiano y por ende, la distribución de este.
El poder en sí constituye un aspecto significativo de la sociedad, en un sistema político y en cuadros de realidad tan concretos como la familia, el trabajo, etc.
Si bien este puede ejercerse para llevar a un nivel efectivo la subordinación, la opresión, la dominación y así impedir la participación en la toma de decisiones de manera formal o informal, éste también tiene un nivel emancipador: al modificar las relaciones humanas, puede incrementar los niveles de dignidad, respeto, libertad y reconocimiento.
Y es así, como desde una perspectiva de emancipadora, el ejercicio del poder permite el aprovechamiento constante de oportunidades tangibles e intangibles.
Sin embargo, culturalmente a lo largo de nuestra historia, el poder ha sido ejercido predominantemente por hombres, pero con la posibilidad latente o manifiesta de ser conquistado, arrebatado, desarrollado.
Si planteamos el empoderamiento como conquista del poder manera positiva en el ámbito de lo político y social, nos conducimos definitivamente al ejercicio de una ciudadanía plena que implica al mismo tiempo el reconocernos como sujetos políticos autónomos y que en forma paralela también afirma los derechos humanos y civiles, los que desde una mirada femenina, han sido vulnerados y/o invisibilizados constantemente desde múltiples niveles de realidad.
Para el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF 1998), el concepto de empoderamiento desde un escenario femenino, abarca 5 aspectos que al concretarse permiten su cristalización: en primera instancia, el bienestar en tanto se es receptora de los servicios sociales básicos; segundo, el acceso que conlleva a mayor acción social de manera colectiva o individual; tercero, la concientizaciòn que implica la aprehensión del concepto de género en el que confluyen tanto la igualdad como la diferencia; cuarto, la participación que propende la representatividad de la mujer en las diversas esferas sociales y por ultimo, el control como elemento que permea todas dimensiones del ser humano desde si y para su entorno. Todo esto enmarcado en la premisa de mayor equidad social.
Es importante aclarar que estos elementos confluyen desde una mirada integral en la que prevalece la concientizaciòn como aspecto de gran relevancia, a ser el propulsor de cambios tanto en lo individual como en lo colectivo reflejados socialmente.
En este sentido, el empoderamiento al modificar las percepciones y los niveles de conciencia frente a la realidad, permite además hacer diagnósticos claros, el conocimiento del contexto, facilita la construcción de estrategias y promueve acciones y resultados, en este caso, frente a la construcción de espacios femeninos.
Actualmente, nos encontramos en un lugar histórico donde la mujer se hace visible gracias a múltiples conquistas, no obstante es precisa mayor participación y concientizaciòn de la mujer en su cotidianidad, lo que fortalece una masa critica de mujeres. Es necesario un papel protagónico en los cambios que acontecen.
Ciertamente, el empoderamiento femenino como conquista del poder muchas veces negado, hace referencia directa a la autonomía política y subjetiva, a la organización, a la toma de decisiones, a la participación directa, a la adquisición de control, a la posibilidad de crear, al acceso de garantías sociales, económicas y políticas, al reconocimiento y respeto de la mujer como ciudadana y ser humano en equidad. El empoderamiento hace referencia a una mujer como sujeto político, crítica, reflexiva, libre, autónoma y participe.
Bajo esta perspectiva, para propiciar procesos de empoderamiento femenino que desde lo individual conlleva a lo colectivo, es fundamental garantizar el acceso a la educación, a los recursos de conocimiento, a los recursos físicos y materiales, al capital y a espacios de reconocimiento que permita trascender la posición a veces secundaria a la que se ha visto sometida durante siglos.
Al hacerse un hecho el empoderamiento femenino en la sociedad, se ejecuta el ejercicio del poder visto desde el lente emancipador, condición que nos pone en paridad, en una perspectiva del "poder con", en la construcción de un vivenciar compartido.
Esto a su vez se convierte en un reto y una posición de resistencia frente al sistema, una forma de desarticular los modelos enajenantes y opresivos contra la mujer. Al mismo tiempo, abre las puertas al aprovechamiento de las oportunidades de forma que las mujeres puedan influenciar de manera decisiva en las decisiones políticas, económicas y sociales tanto en esferas macro como micro, desde lo estructural hasta en el día a día de cada una.
Todo esto nos conduce a la propuesta y el alcance de mujeres forjadoras de la historia, del desarrollo, a la conquista de derechos fundamentales e inalienables. A la concreción y consolidación un papel fundamental y activo en la sociedad que seguro nos hará más felices desde nosotras mismas, desde la libertad humanizada de la mujer, un llamado al empoderamiento femenino desde una perspectiva holìstica, integral.
